martes, 10 de julio de 2012

" OM " de BERTA BRUNFMAN


Estela  se levantaba temprano junto con su marido. Se bañaba, se peinaba, se entalcaba y perfumaba. Después  compartía con su marido el desayuno en la cocina.

Cuando el se iba a trabajar en la empresa de cosméticos donde era vendedor, ella iba hasta el jardín y con un enorme martillo trataba de matar caracoles, todos los que pudiera.

Desde hacía unos meses, esos insectos, habían invadido su jardin , trepando por paredes, encaramándose sobre los troncos del árbol de rosas chinas, entremezclándose con las plantas, con sus queridas plantas.

Le habían dicho en un vivero, que existía un veneno muy potente que era capaz de eliminar los caracoles en pocas horas, pero que a su vez, eliminaría también a sus dos gatos siameses que adoraban, echarse sobre el pasto y estar bajo el sol.

Estela entonces prefirió  asustar a golpes a los intrusos y así acabar con ellos para siempre.

El marido de Estela era budista y aunque ella no compartía esa doctrina lo escuchó con atención cuando  le advirtió que era de muy mala suerte pretender matar criaturas que estuvieran en este mundo cumpliendo una misión.

-No se te ocurra matar  a los caracoles del jardín,- le ordenó.

Estela dio su palabra, que por supuesto, jamás cumplió.

Una tarde, en el mercado, Estela buscaba algún veneno nuevo para caracoles que no dañase a sus amados gatos. E n eso una vecina del barrio le aconsejó que les tirara sal fina.

-Con eso se van enseguida, le dijo-usted se acordará de Nelly o sea, de mi, para siempre. Dos  o tres dias y los caracoles, esos bichos inmundos, no vuelven más.

Estela hizo caso, y compró sal fina, por lo menos tres paquetes. Al día siguiente tiro puñados por todo el jardín.

Los caracoles desaparecieron enseguida, no quedó ni uno.

A Estela le llamó la atención que el lunes de esa misma semana en que los caracoles se esfumaron, su marido, decidiera quedarse un rato mas en la cama, en lugar de ir  a trabajar.

Cuando le pregunto si se sentía mal, el respondió, -en absoluto, estoy mejor que nunca.

El tema era que según su marido se iban a transformar en nuevos ricos.

-Viste que te dije los otros días que no era bueno andar matando bichos, por más bronca que uno les tenga. Bueno, en la empresa el dueño, anda queriendo sacar una crema en base a baba de caracol. Dice que es muy vendible y que es buena para muchas cosas, cicatrices, arrugas, manchas. Claro que no se reproducen fácilmente, la tierra tiene que ser especial.¿ Quienes son los afortunados que poseen esa bendita tierra que por suerte aman los caracoles?, nosotros dos , mi amor.

Cuando desayunaban  ella estuvo a punto de contarle lo sucedido, pero el, no la dejaba decir una palabra, asegurando que la empresa exportadora de caracoles se llamaría Om.

Estela no quería que su marido fuese al jardín pero después de tomar el desayuno, se levantó junto a el, y los dos fueron hasta allí.

El marido aceptó como buen budista la desaparición de los caracoles .Dijo que por algo sucedían las cosas y que si los caracoles habían decidido marcharse, alguna vez a lo mejor , retornarían .Estela nunca contó lo de lo sal y sus vidas continuaron como de costumbre, eso si, sin caracoles en el jardín.

Cada tanto Estela se encuentra con Nelly en el super y ella se fastidia cuando la escuha preguntar, -¿volvieron o no volvieron, los caracoles?

BERTA SUSANA BRUNFMAN.
 Nacida el 29 de setiembre de 1953. Estudió Bellas Artes, algo de teatro y narración Oral con ANA PADOVANI  y ELVA MARINANGELLIS. Es de Capital, adora Buenos Aires y todos sus hermosos barrios. Porteña de pura cepa. Narra cuentos con Mariano Llorente y se da el gusto de cantar acompañada por Federico Brunfman con su guitarra- Escribe cuentos sobre aconteceres cotidianos.




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