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martes, 16 de agosto de 2011

E L  R E Y  E D I P O  Y  S U  T R A G E D I A
   Con mucha frecuencia consulto el libro “Clásicos de la Literatura Universal”, esta vez me leí “ Edipo Rey”, escrito por Sófocles, y según su narración a este rey su autor  lo puso a sufrir mas, que darle la felicidad de su investidura.
Sófocles  nacido en el año 497  A.C. formó,  parte del trípode de los dramaturgos atenienses junto con Esquilo y Eurípides. Sus  biógrafos dicen que fue músico, poeta y  actor y que escribió alrededor de ciento treinta obras,   de ellas solo se conservan unas diez, entre otras, Antígona, Ayax, Edipo Rey, Electra. Todas llevan el sello del dramatismo por eso a Sófocles  la historia lo nomino “El Poeta Dramático”
Una de las obras mas conocidas de este escritor es “Edipo Rey” por las grandes y dolorosas enseñazas que se perciben en el recorrido de su lectura.
Voy a tratar de hacer un resumen de la vida de este personaje, que su autor con esa inteligencia que lo caracterizaba,  hizo que su obra ocupara un lugar privilegiado en los libros clásicos de la literatura universal.

Tebas era la ciudad mas importante de la Grecia Central, donde un gran rey, Layo,  mantenía la armonía de su pueblo por su magnifico proceder como mandatario. Uno se sorprende por que a menudo las cosas buenas desaparecen, pues a Tebas llegó un tirano y lo destrono. Layo preocupado por su vida, le pidió asilo a Pelope, rey del Peloponeso. Fue aceptado en la corte y por su magnifico comportamiento, el soberano le  dio en custodia a su hijo Crispo para que le enseñara la conducta de los reyes. Layo le manifestò un cariño especial a Crispo y abusando de la generosidad del hogar que le dio asilo, ideo un horrendo plan  para huir del Peloponeso con él. En una veloz carreta cumplía su objetivo y el padre de Crispo, Pelope, le rogaba que no se lo llevara y como Layo no lo atendía le grito: “Layo, Layo que jamás tengas un hijo o que, si lo tienes sea el asesino de su padre”
Paso el tiempo Layo volvió a Tebas  y luchó hasta lograr recuperar su trono. Se caso con Yocasta y tuvo un hijo que lo llamo EDIPO.
Layo que vivía con su conciencia destrozada por el secuestro de Crispo y  para evitar se cumpliera la sentencia de Pelope, le ordenó a un guardia de su confianza  que se llevara a Edipo y lo dejara en la cima del monte Citaron.
El guardia cumplió su cometido  y un labriego encontró al niño y lo llevó a la corte de Corinto, donde los reyes lo acogieron y cumplió con ellos todas las etapas de su desarrollo y lo tenían como príncipe heredero.
En un festín el labriego que lo llevó a la corte, lo insultó, se desconoce el motivo, y le dijo que era un hijo adoptivo y que no merecía ser príncipe. Edipo avergonzado, se fue para Tebas y en el camino se enfrentó a  un guerrero que traía  unos escoltas, y que lo fustigo hasta el punto que se fueron al combate, Edipo mató a al guerrero que sin saber, era el rey Layo, su padre biológico.
Edipo siguió su camino y llego a Tebas y encontró una ciudad sumergida en el terror por los abusos de una  esfinge, un monstruo con cabeza y pecho de mujer y cuerpo de león, se enfrentó  a ella y la venció. El pueblo agradecido y en premio a su valor le dio por esposa a la bella  Yocasta, la reina viuda de Layo y madre biológica de EDIPO
Producto de este incesto sin que su progenitores lo supieran, nacieron cuatro infortunados hijos: Etocles, Antígona, Ismene y Polinices.
La felicidad de los tebanos por su nuevo rey, se convirtió en dolor y tragedia porque una peste azotaba a la ciudad y preocupados por tantas desgracias,  consultaron el oráculo de Delfos una ciudad de la antigua Grecia al pie del Parnaso donde Apolo hacia sus profecías y les contestó: “esta peste se debe  a la sangre irredenta del antiguo rey Layo, asesinado por un desconocido  que habita en la ciudad y que solo al justo castigo a tal atropello, puede calmar la ira de los dioses y alejar el infortunio de la ciudad de Tebas”
En esa época no había DAS,  ni FBI. pero tenían a un  adivino tebano llamado Tiresies, “que los dioses privaron de la vista por que todo lo sabia y revelaba los secretos”. Lo consultaron y les dijo la verdad: Que Edipo, el actual rey, había matado a su propio padre y se había casado con su propia madre. La noticia se regó como la pólvora, Yocasta al saberlo se ahorcó, Edipo se sacó los ojos y con su corazón destrozado, su hija Antígona lo acompañó ciego al destierro y murió en Colono, la patria chica de Sófocles.   

Esta trágica historia le reportó  a una de las ramas de la medicina, la psicología, encabezada por el austriaco Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, dos complejos que aprendimos en las aulas universitarias  y que nos han servido mucho en el ejercicio de  nuestra vida profesional

El Complejo de EDIPO: “Atracción  erótica del hijo hacia la madre combinada con una actitud hostil hacia el padre”.
Complejo de ELECTRA: “Atracción erótica de la hija hacia el padre, y también con una actitud hostil hacia la madre”.



 Autor: HUGO VASQUEZ CAEZ
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"PARA MI ESPOSA EL DIA DE SU CUMPLEAÑOS "

Por. Israel  Díaz  Rodríguez

Nunca como hoy, me había detenido a recordar aquella primera vez que te ví, ¿será porque has llegado a la cumbre de los setena años?

No podría explicarlo, en todo caso repito las palabras del poeta enamorado: “pasabas arrolladora  en tu hermosura y el paso te dejé,  lo que sentí, no se que fue. Lo que si sé, es que algo en mi oído murmuró: “ESA ES”.
Desde ese instante, mi corazón se llenó de  ilusión, de esperanza, de alegría, caí en una especie de embriaguez divina.

¿Acaso podemos olvidar aquel  inesperado y furtivo beso que te di  a bordo del “David Arango” en el preciso instante en que el barco soltaba sus amarras para enrumbar su proa hacia la ciudad de tu morada?

 En la medida que la nave se alejaba,  así crecía en mi corazón el deseo de volverte a ver y pensé que algún día, podrían nuestras almas confundirse en una sola, era un sueño, y en los días siguientes a tu partida, no hice otra cosa que  añorarte.

Luego, vinieron días de angustia, de incertidumbre porque  me sobrevino un complejo provinciano – ¿por que negarlo? – en noches de vigilia, pensaba que aquella mujer, criatura angelical educada en el extranjero,  viviendo en una ciudad en donde se movía dentro de las  elites sociales,  bella y atractiva, hermosa, de una simpatía  sin par,  ya tendría un novio.

No me atrevía a darle rienda suelta  al sentimiento y mandato de mi corazón, temía equivocarme,  me sentí incapaz de establecer una lucha en donde eran muy pocas las probabilidades de ganar.

Afortunadamente, estaba equivocado,  el destino ya lo tenía marcado, se había encargado de hacer la reserva del uno para el otro.

Nació y creció el idilio que nos llevó un 28 de enero, a arrodillarnos ante el altar de nuestra iglesia parroquial donde el padre  bendijo nuestra unión matrimonial.

Fieles a sus palabras,  nos juramos amor eterno, compromiso de vivir el uno para el otro hasta el final de nuestros días y constituir un hogar  y formalizar una familia.

Tenías tú, veintitrés años, tu  belleza  se irradiaba  en la frescura de tu rostro, en el brillo de tus ojos, en tu sonrisa permanente, en tu contagiosa simpatía.

Cuarenta y cinco años de vida matrimonial, juntos le hemos hecho frente a los embates de la vida, viendo nacer, crecer y educarse nuestros hijos que con nuestros nietos, nos colman de  amor, felicidad y alegría.

Hoy 7 de Octubre de 2007, has llegado a la cumbre de los setenta años, te veo y para mí, en nada has  cambiado, sigues siendo la misma  mujer bella que me embrujó aquel día feliz en que tuve la buena fortuna de mirarte a través de los cristales de tu auto.
 Ese adorno interior que son tus dones y virtudes, no se ha alterado, ni siquiera marchitado, permanece  intacto, antes bien cada día rejuvenece.

¿Sabes por que no has envejecido?  Porque tu espíritu no le da cabida a sentimientos negativos, no conoces el rencor ni la envidia ni el odio y tu alma está plena de ternura.¿Y sabes además?  Cuando te contemplo “dormida, en el murmullo de tu aliento acompasado y tenue, escucho  un poema que solo mi alma enamorada entiende”.
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jueves, 21 de julio de 2011

UN SUEÑO DE JULIÁN MIJARES

Por Israel Díaz Rodríguez

Los sueños son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos”
Sigmund Freud

Cuando los padres de Julián Mijares murieron, a avanzada edad por cierto, fue mucho el dolor que le produjo su partida
Julián mantenía comunicación muy estrecha con ellos, pero principalmente con su padre, era natural, dado que  se entendían de hombre a hombre y por los temas que trataban, horas enteras disertaban sobre política, de la vida diaria, pero sobre todo de literatura ya que su padre era  un pedagogo de tiempo completo, un fanático por así llamarle, de la sintaxis y la ortografía.

Lo que mas le llama la atención es que cada vez que sueña con su padre, lo ve tal como era él en vida, esbelto, bien vestido, con rostro alegre y jovial, hablador y siempre en actitud del catedrático  que fue en vida.

Cuenta que la última vez que soñó con él, estaban en una playa inmensa de arenas muy blancas, unas pequeñas piedras, también blancas tapizaban el suelo, el mar parecía una piscina, quieto, era de tarde y ya el sol caía, sus rayos  aún  emitían suficiente luz para que a gran distancia lo distinguiera entre otras personas que estaban con él.

Al divisarlo, se fue acercando poco a poco, su padre,  también al verlo,  dejó a los amigos con quienes paseaba, se vino hacia él y al encontrarse se confundieron en un abrazo fuerte, estrecho e  interminable. No hubo lágrimas, la alegría desbordante de ambos se puso de manifiesto y se entregaron a conversar como lo hacían cada que vez que Julián le  visitaba los domingos en la tarde.

Luego de aquel diálogo rico en emociones, llegó el momento de despedirse, Julián le dije al padre, que quería acompañarlo hasta el lugar a donde iba, este le contestó con frases colmadas de ternura: ¡No! déjame volver solo, conozco muy bien el camino, no hay ningún riesgo en el trayecto, por ese sendero la luz del día nunca se acaba, mis compañeros me esperan con mucha alegría. ¡No te preocupes por mí, vivo en un sitio de  paz  donde reina la armonía!
“Todavía – continuó – no es tu turno, allá  solo están los que  el Señor  ha llamado. Regrésate, vive feliz que yo lo soy”.
Cuando Julián  despertó, no tenía la sensación de quien ha tenido una pesadilla,  se sentía alegre, colmado de energías, contento como si en realidad hubiera conversado con su padre en vida.
Recordó las palabras de un amigo sacerdote, el día que afligido en el cementerio le daba sepultura - a su padre-.
“No te aflijas – le dijo el cura – antes para conversar con tus padres, tenías que ir hasta el lugar donde vivían, de ahora en adelante, el espíritu de ellos estará siempre contigo donde quiera que tú estés”.
A Julián no le quedó la menor duda, su padre estaba en el Edén gozando del descanso eterno.
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lunes, 11 de julio de 2011

LOS NIETOS

Por Israel Díaz Rodríguez

Que bello son los nietos, verlos todos los días correr por la casa con sus piececitos descalzos tras el último carrito de juguete que le han comprado sus padres, observarles y festejarles todas sus travesuras incluyendo aquellas que por nuestra edad no nos son tan agradables, las respuestas que dan a cada pregunta que uno les hace las cuales ellos responden con sinceridad, pues si no han entendido lo que les hemos preguntado, sencillamente responden un seco: “no se de que me estás hablando o,   un desconcertante ¡no se!.

Los abuelos somos cómplices de ellos, justamente porque todo cuanto hacen o dicen, nos parecen geniales, si nos invitan a jugar con una pelota, nosotros los octogenarios que ya no hay hueso que no nos duela, que se nos dificulta agacharnos a recoger las cosas, sufrimos lo indecible cuando ante un deseo de ellos no los podemos complacer, pues ellos en su inocencia, no comprenden - como es natural - que no es falta de voluntad la negativa a tirarnos al piso para que juguemos, ¿como le hacemos comprender a estas delicadas criaturas que no es que no queremos sino que no podemos?

Abuelo – me dice Daniel – esto es fácil, haz lo que yo hago, tiéndete boca abajo en el piso, estira los brazos y las piernas como si fueras a nadar, entonces yo te tiro la pelota y tu me la devuelves sea con las manos, los pies o la cabeza, pero eso sí, no te vayas a parar porque pierdes.

Seguidamente entro a pensar, ¿si me acuesto en el piso como haré para poderme parar? Se me ocurre decirle que es mejor que nos echemos una partida de Dominó a lo cual él accede, él mismo busca la cajita de cartón en donde ha guardado cuidadosamente las fichas, las cuenta y exige ser él quien las revuelva sobre la mesa, además, dispone cuantas fichas hemos de coger cada uno, como es de esperarse, yo no hago sino seguirle la corriente.

Respiro hondo en señal de satisfacción por haberme librado de tener que tenderme en el suelo, empezamos a jugar, él escoge sus fichas en número de diez para cada uno y las restantes las deja en un lugar de la mesa bien amontonadas, comienza el juego y se pide la salida con el doble seis que cuidadosamente se ha reservado para él, no se cual será el truco para tenerlo siempre, las fichas las coloca en orden de pintas y con sus dos manitos, las oculta para que yo no se las vea, porque si me las ves, abuelo – me dice – con seguridad que me ganas.

Dos tres o cuatro juegos, no más, se aburre, dispone que ya no juguemos mas porque ya está bueno, entonces me pide permiso para encender el computador, le concedo el permiso y acordamos el número de minutos permitidos para jugar, se sienta en la silla delante del computador, con conocimiento correcto de cómo se enciende el aparato, busca la palabra juegos, abre el preferido que es el juego de  pool game (“buchácara”) lo observo y como tiene que jugar con un contrincante imaginario, espera pacientemente que aquel haga la jugada, como ya le toca su turno, observa la posición de las bolas, estudia la jugada y solo procede a hacerla cuando considera que va a acertar en hacer la carambola.

Veinte, treinta minutos y como lo hemos acordado, me pregunta si ya se le venció el tiempo, si le digo que ya es suficiente, me pide el favor de dejarlo unos cinco minutos más, como buen abuelo complaciente, naturalmente que le dejo, entre tanto me dedico a leer un libro pero eso sí, mientras él juega sin que se de cuenta, le estoy observando todos sus movimientos y oyendo sus protestas cuando las jugadas no le salen bien.

¡Que bellos son los nietos! Ojala no  crecieran, que fueran siempre así inocentes, traviesos, que no se fueran nunca de nuestro lado pues nos hacen la vida tan placentera endulzándonosla a cada instante, no importa que nos pidan que nos tendamos como ellos tan fácilmente en el suelo.
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lunes, 4 de julio de 2011

“ZAPATERO A TUS  ZAPATOS”
Autor: Hugo Alberto  Vásques Caez                          

Nuestro medio está lleno de máximas y proverbios que escuchamos o expresamos con frecuencia sentenciando con frases cortas un hecho o sembrando tácitamente una moraleja: “Perro que ladra no muerde”,”cuando el río suena es por que arrastra piedras”,”barriga llena corazón contento”, ”el hombre es fuego y la mujer estopa llega el diablo y sopla” “costumbre de mal maestro sacan al niño siniestro”,”triste  está la  casa cuando la gallina canta y el gallo calla”, “al buey viejo pasto viche”.

Cada proverbio tiene su autor y fecha de nacimiento, pero como son máximas populares casi nunca nos interesamos en saber su origen. Yo estoy seguro que el proverbio que titula este escrito lo conocemos y lo expresamos con mucha frecuencia, pero su paternidad algunos las desconocen y a otros se les ha olvidado, por ello voy a tratar de recordárselas.

Cuando era Gobernador del Distrito F2 de los leones de Colombia, en mi vista oficial a Providencia, la Isla de los siete colores. Si el espectro solar se pudiera modificar para agregarle un color más a este territorio, en nada modificaría la belleza policromàtica con que la naturaleza adornó a esta paradisiaca isla, llena de encantos por todos sus puntos cardinales.  En la reunión principal un compañero con acertado tino y  en el momento oportuno expresó: “Zapatero a tus zapatos” en medio de unos diálogos constructivos que teníamos. Me gustó mucho la oportunidad del proverbio que ustedes al igual que yo conocemos desde hace mucho tiempo, pero me interrogaba sobre su origen y comencé a buscarlo y al fin  logré encontrarlo.  Apeles un pintor griego nacido en Efeso  A C, tenía la costumbre de pintar sus cuadros y luego los exhibía en el mercado público y se escondía en sitios estratégicos para oír las críticas o los elogios de su obra.  Un día pintó una bella mujer de cuerpo entero y como era su costumbre lo expuso al público y se escondió. Pasó un zapatero y se quedó mirando el cuadro y poco después expresó: estos coturnos (zapatos que usaban con especialidad los artistas griegos y romanos), tienen la suela muy delgada y las correas deben ser más anchas.  Poco después de oír estas críticas, Apeles salió de su escondite y tomó el cuadro, lo llevó a su taller y lo corrigió como había dicho el zapatero.  Al día siguiente volvió a colocar el cuadro en el mercado y él como siempre lo hacía, se oculto. Coincidentemente pasó el mismo zapatero, vio de nuevo el cuadro y expresó: que bellos quedaron los coturnos hay una armonía en estas sandalias. Mas tarde se puso a examinar todo el retrato y cuando llego a la cara dijo: este rostro no muestra expresión, la nariz debe ser más pequeña y sus ojos más llamativos.  Apeles al oír estas criticas mal infundadas y sobre todo de quien las expresaba, salió corriendo de su escondite y con mucha ira le dijo: “ZAPATERO A TUS ZAPATOS”.

Moraleja: “ Cada uno debe juzgar con criterio, solamente lo que entiende.”

El autor del cuento Hugo Alberto Vásquez Caez vive en Barranquilla, Colombia. Médico Cirujano. Con un extenso currículum profesional. declarado " Ciudadano  Ilustre", por la Alcaldía de Magangue. Condecorado por el Club de Leones Monarca de Magangue por 50 años de servicio a la comunidad. Diputado de la Asamblea Departamental de Bolívar.
 Escribir forma parte de su vida, enviándonos uno de sus cuentos. Del libro "Anécdotas Cuentos y Relatos de Ocho Médicos Caribeños"
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martes, 28 de junio de 2011

MANUELITA ROLDAN

Por Israel Díaz Rodríguez

Diariamente tenía  Manuelita Roldán que caminar casi dos kilómetros y medio de su casa a la escuela del pueblo, vivía con sus padres en una casa con techo de hojas de palma y paredes de barro que sus padres habían construido con la ayuda de sus diez hijos. Su padre  un pescador conocido en el pueblo como “El Mono Roldán”, nadie le llamó nunca por su nombre de pila que a lo mejor ni siquiera lo tenía, pues era un típico indio Chimila y sabido es que estas tribus no hacían ceremonias de bautizo, al nacer el niño, los padres ya le tenían un nombre . Se llamará Toro Sentado si es hombre y Flor del Monte si es mujer.

 Manuelita asistía como todas las niñas de su edad a la escuela puntualmente, nunca faltaba, a veces llegaba empapada con la ropa pegada al cuerpo,  sus cabellos destilando agua  y los pies sucios de barro, pero siempre contestaba presente  a la hora de pasar lista la maestra.

Vestía ropa sencilla, adornaba su cabeza con un cintillo color rosa que le recogía sus cabellos negros de hebras gruesas como todos los de su raza, que su madre peinaba bien temprano en la mañana, su carita de luna llena estaba adornada por unos ojos grandes y vivaces de color negro,  nariz fileña,  Manuelita era de lo más atractiva, sobresalía ante muchas de las demás niñas de su edad, no obstante su estrato social, era admirada por los chicos de la escuela de varones y envidiada por  sus condiscípulas.

 Además, su rendimiento escolar era excelente, por ello, la maestra siempre la tenía en cuenta para todo acto importante que se ofreciera en la escuela, especialmente en las celebraciones que se hacían a mitad de año, por ejemplo el 20 de Julio, para las representaciones teatrales tipo comedia, discursos conmemorativos en  fechas magnas, ahí estaba Manuelita.

Como era de esperarse,  sus compañeras de colegio buscaban la manera de molestarla, como no podían ganarle en el rendimiento escolar,  no era fácil  competir con ella, entonces se buscaron una forma artera de humillarla no solo entre ellas mismas, sino que hicieron correr la voz, de que Manuelita despedía olores desagradables,  que sudaba mucho, y exhalaba  olor a pescado descompuesto.

La realidad era que el alimento básico en su casa era el pescado, pues su padre - el Mono Roldán - todas las mañanas antes de la 5.a.m. ya estaba en su canoa, con todos los aderezos de buen pescador  estos eran, anzuelos de todos los tamaños, arpones, flechas, atarrayas, nasa, una buena cantidad de tabaco negro para fumar y con el humo espantar a los mosquitos, así ataviado, se internaba en la Ciénaga de la Virgen muy rica en peces de todas las especies.

La directora del colegio en vista del ambiente hostil en que se desenvolvía Manuelita, un día reunió a todas las alumnas en el salón principal y les advirtió que no les permitiría a ninguna de ellas el que humillaran tanto a su condiscípula. Les habló de la situación económica, de las dificultades que tenía que vencer la niña para llegar todos los días puntualmente a la escuela, del esfuerzo que hacían sus padres para sostenerla a ella y a diez hermanos más que permanecían en la casa sin ir a la escuela, justamente por la carencia de dinero, pues lo que su padre  conseguía mediante la pesca, no era suficiente para cubrir los gastos de los niños, principalmente vestidos y zapatos. Que dieran gracias a Dios ellas, que tenían padres acomodados que les  proporcionaban  mas de lo indispensable para vivir cómodamente.

Al terminarse la reunión, Manuelita se quedó sola en el salón con la maestra, con los ojos húmedos y sollozando, se lanzó en sus brazos y, a  su manera le agradeció todo cuanto les había  dicho a sus condiscípulas.

 De regreso a casa, su madre  advirtió que estaba demacrada, y triste,  le preguntó:
 ¿Que te pasa?
 ¡Mamá, hoy fue mi último día en la escuela – respondió Manuelita -  ¿Por qué? – Preguntó su madre-
 Madre, tu no sabes lo difícil que ha sido para mí soportar durante todo el tiempo que he asistido a la escuela los desaires que me han hecho mis condiscípulas, me humillan, me desprecian, ninguna quiere sentarse a mi lado, no tengo una sola amiga, todo lo he callado para no preocuparlos a ustedes, pero ya no puedo más.

La maestra intervino  hoy – prosiguió Manuelita - y les llamó la atención  de manera fuerte, si bien con ello me sentí apoyada por ella, ahora temo que si antes me despreciaban, de ahora en adelante  me odiarán y harán todo cuanto les sea posible para amargarme aún más la vida, como verás, en ese ambiente  a mí me es imposible seguir.

Su madre se quedó muda, no encontraba palabras de consuelo para su hija, enjugó sus lágrimas, la abrazó fuertemente y le susurró algo al  oído.
Luego le preguntó: ¿Hija quieres que  vaya  contigo mañana al colegio?

No madre – repuso Manuelita – tu no tienes un traje adecuado, tu calzado está roto, tus cabellos en desorden, esto para mí no significaría nada, pues así mal vestida te he conocido, se cuanto amor encierra tu corazón, no me importa la vestimenta que lleves, pues eres mi madre y así te quiero, pero temo que al verte las niñas del colegio, comenzarán a burlarse de ti y eso jamás lo permitiría,  pues bien sabes cuanto te amo.

Desafortunadamente, debo ir al colegio mañana a recoger algunos útiles que no pude extraer de mi pupitre, lo haré dentro del mayor sigilo para que nadie me vea, traeré mis libros lápices y cuadernos, para seguir estudiando aquí en la casa.
La mañana siguiente cuando Manuelita llegó a la escuela a buscar los objetos escolares que no recogió el día antes, sus compañeras de clase la recibieron en la puerta de la escuela con un hermoso ramo de rosas blancas y una tarjeta que decía: “Perdónanos por todo el mal que te hemos hecho, recibe estas flores  para que de hoy en adelante, recuerdes que para nosotras eres eso: una flor”
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